Las ciudades que llevamos dentro
- Eudora
- 4 nov 2025
- 1 min de lectura
Hay libros que no se leen: se atraviesan, como si fueran sueños. Las ciudades invisibles de Italo Calvino pertenece a esa especie de literatura que no describe lugares, sino estados del alma. En sus páginas, Marco Polo relata la existencia de ciudades imposibles, algunas con esferas de cristal hechas de recuerdos o de deseos, otras, infinitas y rutinarias. Pero detrás de cada una se encuentra una verdad: todas esas ciudades son una sola, y esa ciudad es el alma de cada uno.
Calvino no nos habla de Zora, ni de Zaira, ni de Maurilia. Nos habla de nosotros. De cómo construimos nuestras vidas a partir de la memoria, de cómo habitamos el tiempo, de cómo los espacios se vuelven símbolos. Cada ciudad es una metáfora de un modo de existir. Está la ciudad que se reinventa para olvidar su pasado, la que se repite una y otra vez, la que se sostiene sobre el vacío. Y en todas ellas nos reconocemos.
Quizá lo más inquietante del libro es la pregunta que nunca se formula del todo: ¿qué queda de una ciudad cuando se derrumban sus muros? ¿Qué somos cuando ya no nos sostiene la estructura de nuestra cotideaneidad?
Resulta que también habitamos lo invisible: la palabra, la memoria, la imaginación.
Cada lector, al cerrar el libro, puede añadir su propia ciudad invisible. Tal vez, entonces, todas las ciudades del mundo no sean más que reflejos de la ciudad que cada uno lleva dentro. Y leer La arquitectura de lo invisible es, en el fondo, pasear por sus calles.




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